12 octubre 2008

Un inocente entre rejas


La fiscalía pedía séis años de cárcel
La policía lo detuvo en Tarifa al descubrir un inmigrante en su remolque. Después de permanecer 25 días en un penal de alta seguridad, David Sobredo ha sido absuelto. Ahora pide justicia

M. J. CRUZADO
Un inocente entre rejas
EN LIBERTAD. David estudia reclamar los días que estuvo en prisión provisional. / JOSELE-LANZA
A las 16.20 horas del 17 de marzo David Sobredo dejó de ser un empleado modelo, un hijo ejemplar y un joven entregado a las causas humanitarias para convertirse en carne de presidio. Concretamente del penal de alta seguridad de Botafuegos (Cádiz). De allí salió 25 días más tarde pagando una fianza de 4.000 euros y acusado de traficar ilegalmente con personas. Siete meses de pesadilla después la Audiencia Provincial de Cádiz lo ha absuelto de un delito por el que la Fiscalía pidió, hasta el último momento, una pena de seis años de prisión. Ahora es libre, pero ¿cómo olvidar tres semanas en una de las peores cárceles de España?

Ese 17 de marzo el marroquí Mourad C. se coló en su remolque en un momento de descuido cuando David viajaba por Tánger como guía turístico para una empresa de San Pedro, 'Discovery Moto Tours'. No es la primera vez que lo hacía. En ocasiones anteriores Mourad había intentado cruzar la frontera, pero ese día tuvo más suerte. David y el resto de los miembros de la excursión organizada pararon en una gasolinera de Kenitra (Marruecos) para tomar café.

Según el fallo judicial, Mourad pudo aprovechar ese momento para introducirse en el remolque donde David transportaba el equipaje de los pasajeros. Ya de camino a España unos motoristas le hicieron señales para que cerrara la puerta del remolque. Se bajó, echó la llave y no volvió a abrirla hasta el puerto de Tarifa por orden de la Policía Nacional. Fue entonces cuando los agentes descubrieron al ciudadano marroquí oculto en el fondo del vehículo.

A pesar de la declaración de los numerosos clientes y compañeros de profesión que lo acompañaban y de la propia confesión exculpatoria de Mourad, David fue detenido y tres días más tarde encarcelado hasta que su abogado consiguió que la jueza decretara una fianza.

Durante estos meses ha pesado sobre él como una espada de Damocles los seis años de prisión que pedía el fiscal. Solicitaba además que fuera inhabilitado para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo que durara la condena y que asumiera las costas del juicio. Una jueza decidió que había suficientes pruebas para considerar su peligrosidad y el riesgo de fuga así que dictó su ingreso en una cárcel de alta seguridad: Botafuegos.

La vida en prisión

«No hay justicia. Lo que me ha pasado a mí le puede pasar a cualquiera», asegura David. «Lo peor de todo -dice- es la impotencia y la rabia que te queda. La cárcel te humilla y te anula como persona. No hay vuelta atrás. Los primeros días fueron los peores. Fue un infierno», recuerda.

La sentencia ya es firme. Así que David sopesa ahora reclamar por el tiempo que estuvo en prisión. «No lo hago por dinero. No hay dinero que compense estar en prisión. Me gustaría que los que me ingresaron allí, sin tener antecedentes penales y sin pruebas, reconozcan que metieron la pata, pero eso será casi imposible. Para recuperar ahora 3.000 euros de indemnización tendré que gastarme 18.000 en abogados. Así es el sistema»...


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